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La invención de Galicia, al margen de la Galicia real e histórica

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Hay procesos históricos que no nacen de un día para otro, ni brotan espontáneamente del suelo como si fueran árboles antiguos, sino que se elaboran lentamente en la conciencia de los hombres, se tejen en libros, se difunden en discursos y acaban, con el tiempo, pareciendo tan naturales que nadie recuerda ya su origen. Así ocurre con los nacionalismos europeos, y de modo particular con los nacionalismos secesionistas en España. No son la simple prolongación de viejas patrias medievales, ni la cristalización espontánea de identidades eternas, sino el fruto de un proceso ideológico moderno, cuyo punto de arranque hay que buscar en la ruptura del orden tradicional cristiano y cuyo desarrollo se encuentra, en gran medida, en el romanticismo. Antes del siglo XVIII, Europa no se entendía a sí misma en términos de naciones soberanas, ni concebía la política como el juego de voluntades colectivas abstractas que se autodeterminan. Existían, ciertamente, reinos, pueblos, lenguas, fueros y lealtad...

La Revolución gallega de 1846: invención proto-galeguista de proyección futura

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A chamada Revolución Galega de 1846 , encabezada por Miguel Solís e alimentada ideoloxicamente por Antolín Faraldo, adoita ser presentada pola historiografía dominante como un fito precursor do galeguismo político, unha sorte de alborada nacional que, esmagada pola forza, deixou en Carral unha semente de conciencia. Mais esta lectura, repetida con ton case litúrxico polos catecismos laicos do «nacionalismo», require unha revisión seria cando se contempla desde a óptica  contrarrevolucionaria, pois aquilo que se ergue en 1846 non é unha Galicia tradicional que se defende, senón unha Galicia xa penetrada polo espírito da Revolución, que combate non contra o mal radical do sistema, senón contra unha das súas formas concretas, siendo parte so menos mal, e querendo crear unha nova Galicia, só existente nos seus míolos. Porque cómpre dicilo con claridade: o movemento de Solís non nace como reacción contra o liberalismo, senón como episodio interno del. Non hai aquí proclamación da lexiti...

Romance de la Virgen Corredentora

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  En la cima del Calvario, cuando el sol se deshacía, al pie de la Cruz del Hijo una Madre padecía. No fue sombra ni figura, ni mujer de cortesía, fue la Nueva Eva en la aurora que al Dragón desafiaría. “Corredentora” la llama Pío XI con valentía, pues al lado del Redentor dio su sangre y su agonía. Y León XIII la ensalzó, reina de toda alegría, “Mediadora de las gracias”, dijo el Papa con María. San Pío X en su encíclica, en su verbo que ardía, la nombró fuente de dones que del cielo descendían. Pío XII, sabio y tierno, que en la sombra discernía, vio en su Corazón el puente que al pecado redimía. No hay un don que no pase por su pura melodía, pues la gracia es un torrente que por su “fiat” corría. Si el Hijo quiso su Madre en la Pasión y en la Vida, ¿quién negará su corona, quién negará su porfía? Fue en el parto sin mancilla, fue en la Cruz cuando moría, fue en el cielo coronada por la Santa Jerarquía. Y el demonio que no puede ni mirar su valentía, tiembla al oír su nombre —¡Vi...
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 La Caridad vino en barca (Romance de Ares y Cuba) Del viejo puerto de Ares, donde el salitre bendice, partieron hombres del alma buscando panes felices. Llevaban fe en los bolsillos, rosarios junto al mechón, la estampa de un Cristo herido y el nombre de su patrón. Allá en las aguas de oriente, del Cobre y su mineral, hallaron los galleguitos otra madre celestial: una imagen que flotaba, leve, serena, en el mar, una tabla que rezaba: “Yo soy la Caridad”. Cubana, madre de pobres, de negros y de español, de indios y de mestizos, de esclavos y de señor, su rostro de miel y cobre, sus ojos de eternidad, miraba al que la invocaba con pura maternidad. La llevaron entre palmas, la pusieron sobre el sol, le ofrecieron guayaberas y una flor de girasol. Y los aresanos viejos, de rodilla y con temor, le cantaban letanías como a Reina y Redentor. Mas el tiempo abrió la herida del que se tiene que ir. Y Ares quedó más vacío cada vez al despedir a los hijos de su tierra que cruzaban sin llorar,...

Romance de la Cueva de los Mouros (Cervás)

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Romance de la Cueva de los Mouros En Cervás, junto a los riscos que se abisman en el agua, hay una grieta en la roca que al mar su secreto guarda. Dicen que allí los Mouros forjaron senda encantada, un túnel bajo la tierra de oro, misterio y espada. No hay puerta ni centinela, ni inscripción sobre la entrada, solo un hueco que resuena si la noche está callada. Quien entra siente el silencio de los siglos en la espalda, y el salitre entre los dedos como bruma que lo abraza. Cuentan viejos del lugar que el pasadizo alcanzaba hasta Mugardos, y a veces más allá de donde acaba. Otros juran que en la guerra, cuando la pólvora estallaba, refugios fueron sus huecos de un tiempo que nadie salva. Algunos buscaron oro, tesoros de vieja raza, mas salieron sin sentido, o no salieron de nada. Una sombra sin figura vive al fondo de la cava, y si enciendes una antorcha verás que la luz no alcanza. En las fiestas de San Juan, si la luna está templada, dicen que un canto se escucha entre las grietas moj...

Romance del que busca a la sirena

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  Romance del que busca a la sirena Por la orilla de las aguas, cuando el pueblo ya descansa, anda un hombre en la penumbra con la mirada extraviada. Bajo faroles dormidos camina sin rumbo y calla, buscando en la bruma fría una voz dulce y lejana. Dicen que fue marinero, otros que un loco sin casa, pero su andar tiene eco de quien al mar se declara. Mira al centro de la ría, donde la luna se alarga, y alza los ojos al viento como si esperase el alba. —¿Dónde estás, sombra marina? ¿Dónde, doncella encantada? Te soñé sobre las rocas, con tu escama entrelazada. Te sentí rozar mi pecho con tu risa sumergida, y aunque no vi tu silueta, supe que estabas, sagrada. La gaviota le responde con su carcajada blanca, y las olas, como espejos, no le devuelven el alma. Mas él sigue, noche a noche, como el alma que se arrastra, con los labios apretados y el corazón en añada. No la vio, pero la siente; no la toca, mas la abraza; y en el salitre del viento cree oír su voz lejana. —Eras tú, sirena mí...
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  Romance de la Sirena de las Islas Mirandas (Romance octosílabo, rima asonante en los versos pares) En la ría de Ares canta una voz que no se apaga, la de una sirena antigua de escamas color de plata. Surcaba con delfines limpios las ondas de la mañana, jugaba con las gaviotas y al sol dormía en las playas. Tres islas eran su trono, tres joyas de agua encantada: Mirandiña, Pequeña, y la mayor, la más alta. Jamás dejó que un humano su canto dulce escuchara, pero un día un caballero la miró desde la playa. Era hidalgo de Galicia, de nobleza bien ganada, y al ver la cola rosada quedó el alma enamorada. Le habló con rezos y ruegos como el que a un cielo clamara, y la sirena lo oyó temblando de voz callada. Brotó amor entre la espuma como flor en la borrasca, y sellaron su destino con el beso de la calma. Él la llevó tierra adentro lejos de la sal del alma, y ella perdió su escamado por piernas de humana andanza. Se casaron en secreto bajo luna enamorada, y del vientre de la ninfa naci...